Edward Munch cuenta como se le ocurrió su cuadro El grito:
“Paseaba por un sendero con dos amigos - el sol se puso - de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio - sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad - mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza…”
A edad muy temprana Edward, tras la muerte de su madre y hermana por tuberculosis, queda al cuidado de su padre, obsesivamente religioso y extremadamente rígido. Posteriormente su hermana favorita sería internada en un hospital psiquiátrico, diagnosticada con trastorno bipolar. Probablemente fue esa triste etapa infantil lo que sembró lo que esa tarde emergió y después se inmortalizó en un lienzo.